Sensaciones, movimientos suaves… el semiángel rubio se deslizaba por la superficie del agua del lago di Como, apenas si rozándola con sus plumas. Hoy era su último viaje. Ya se sentía pesada y aunque el embarazo había ido bien, no quería perder al bebé, como ocurrió la última vez. Hacía ya dieciocho años de ello. Por eso, no había querido probar. Pero su esposo, y la presión porque cada vez había menos Sky en el mundo, había podido convencerla.

Afrodita Sky, orgullosa semiángel, puso sus delicados pies descalzos sobre una  isla, la Isola Comacina, casi en el centro del lago. Pocos conocían que allí, en esas tranquilas aguas, se escondía un vórtice donde los demonios pugnaban por salir y conquistar el mundo. Allí es donde su esposo, Apolo, y ella se habían instalado para el parto de su futura hija.

Llevaban viviendo ahí desde 1897 y se quedarían algunos años más. Los semiángeles vivían mucho tiempo, así que podían permanecer algunos cientos de años en la zona. Ahora, en 2003, Afrodita empezaba a cansarse. Cuando naciera su pequeña quería viajar de nuevo a América, a un pueblecito tranquilo donde poder criarla y ayudarle a desarrollar sus dones. Claro que Apolo quería vivir en París. Le fascinaba la Ciudad de la Luz, y tenía una predilección especial por los ciudadanos franceses. En cambio, a ella le gustaba la franqueza americana.

Se echó en la cálida roca notando como la tierra de alguna forma la abrazaba. Allí, sobre ese promontorio, tenía una excelente visión de todos los sigilos que ella y su esposo, junto a las brujas, o befanas, como se las llamaba aquí, habían colocado para que el vórtice no se abriera.

Sin embargo, días atrás, la organización que llamaban “La mano blanca”, había capturado a dos de las principales brujas y no habían podido renovar los hechizos y rituales que mantenían asegurada la salida del Mundo Inferior y Afrodita estaba muy preocupada. Ella no se encontraba al cien por cien y Apolo estaba buscando por toda la región a las dos mujeres. Parecía como si se las hubiese tragado la tierra.

Su bebé semiángel dio una patadita haciendo que ella se incorporase. Miró a ambos lados del lago y no pareció ver nada, así que cerró los ojos para disfrutar del cálido atardecer de finales de mayo. Otra patada le hizo abrirlos de nuevo. Entonces sí lo vio. Un brillo en el centro del lago, algo que podría haber pasado inadvertido si no hubiera tenido la intuición de mirar ahí.

Se levantó con algo de dificultad y desplegó sus alas blancas, saliendo de inmediato hacia el lugar donde había visto esa perturbación. En un instante ya estaba allí. La zona estaba siento atacada por los demonios desde dentro. Notaba la energía que intentaba destruir ese punto débil de la pantalla protectora.

Ella lanzó su fuego celestial, pero apenas hizo mella. Cuando las semiángeles estaban embarazadas, sufrían una disociación temporal por la que dejaban de ser tan poderosas, ya que su energía estaba centrada en crear un nuevo ser.

Un dolor terrible la recorrió de lado a lado. Ella conocía muy bien a qué se debía. Su hijita había decidido nacer en el momento más inoportuno. Intentó avisar a Apolo con la mente, pero se sentía demasiado débil, así que se dirigió hacia la isla de nuevo, y allí buscó refugio en una de las pequeñas praderas con hierba y árboles. Ahora mismo no podía hacer otra cosa.

Se puso en cuclillas para ayudar a la pequeña a salir. Intentó no preocuparse demasiado. Su anterior hijo murió en el parto y eso que en esos momentos estaba en un prestigioso hospital. ¿Qué ocurriría ahora? Ojalá su amado esposo estuviera con ella.

Una dolorosa contractura la hizo caer de rodillas. Se volvió a levantar trabajosamente y sintió la necesidad de empujar. Durante varios minutos que se le hicieron eternos, Afrodita sudó y empujó, en silencio, solo con leves gruñidos que no podía evitar. Poco a poco, sintió la cabecita de su bebé salir y le ayudó, volviendo sus hombros. Ella se deslizó hacia sus manos tan rápido que casi se le cae al suelo. La niña, que había nacido con los ojos abiertos, la miró como diciéndole: “tranquila, haz lo que tengas que hacer”. Así que ella cortó el cordón, se quitó la blusa que llevaba, fajó a la niña con ella y la dejó sobre una mullida capa de hierba.

–No te preocupes, preciosa, pronto volveré.

Afrodita sintió que su energía se elevaba, las fuerzas le volvían; el fuego celestial estaba allí de nuevo. Ahora ya podría intervenir en la perturbación del lago. Extendió sus alas que antes había guardado y se elevó, cayendo en picado sobre el lugar. De sus manos salió el flujo de energía que comenzó a cerrar esa leve grieta que podría haber sido la perdición del mundo.

Tras un buen rato sellando el lugar, Afrodita volvió preocupada por su hija. Aterrizó en la isla buscando a su pequeña. Allí estaba, felizmente dormida. La cogió entre sus brazos y la acunó. Ella había sido un milagro, su pequeño milagro y ahora todo estaría bien.

Canturreó una pequeña nana mientras se sentaba a la sombra. Había sentido que Apolo estaba de camino, así que lo esperaría en ese paradisíaco lugar. Pronto, unos pasos apresurados llegaron allí.

El hombre, rubio y atractivo como casi todos los Sky había llegado y observaba con admiración a su esposa. Se acercó y la besó en la frente.

–Te presento a tu hija, Venus.

Apolo cogió en brazos a Venus y ella abrió los ojos, mirándolo fijamente. Un gorjeo feliz le indicó que ella lo había reconocido. Se sentaron durante unos minutos para disfrutar del momento. Ahora sí tenían un motivo muy especial para vivir, un pedazo de cielo, un camino a la luz había nacido en la Tierra.

Mientras tanto, un malhumorado demonio se paseaba de arriba abajo por la zona del Mundo Inferior.

–¡Estúpidos! ¡Cómo habéis sido tan lentos! Hemos perdido una gran oportunidad.

— Mi señor –balbuceó otro demonio de menor rango–. Lo hemos hecho lo más pronto que hemos podido.

El Dragón rojo fulminó al incompetente demonio. Al menos, habían conseguido dos brujas. Tal vez dentro de poco podrían intentarlo.

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Este es un relato independiente del mundo de SkyWorld. Cuenta dónde y como nació Venus Sky, un personaje que se repite en varios de los libros de la saga SkyWorld.

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