Capítulo 1 de Killer Dragon Libro 2

Hoy os traigo el comienzo del libro 2. Si no has leído el libro 1, no te aconsejo que lo leas, porque hay spoiler 100%.

Aquí va:

 

Capítulo 1

Me aburro, me aburro y me impaciento. Ahí estoy, en el descanso de la gran paliza que nos estamos dando mi hermano Peter y yo, con otras muchas personas, para arreglar la biblioteca. Después del ataque del dragón pardo, de Dionisio, el que fue mi mentor durante varios años, y que resultó ser un ser un ser traicionero que buscaba al heredero, y de paso, quería matarme, toca arreglar los destrozos de la biblioteca que incendiamos entre los dos

Solo hace dos días que todos mis amigos se fueron de C24, la ciudad donde vivo, a estudiar por diferentes partes del mundo. Incluso Gódric, que se supone que se iba a quedar aquí, fue invitado por la WWW (World Wide Witchery), para que vaya conociendo el campus y hacer algún tipo de curso de yo qué sé.

La gente de la ciudad se ha marchado de vacaciones. Unos, los que eran dragones verdiazules, han huido de aquí. A nadie le apetece compartir el día a día con la Dragon Killer. Sí, esa soy yo. Pero ¿a quién en su sano juicio se le ocurriría pensar que yo iba a acabar con los dragones, siendo que Peter, mi hermano pequeño, es uno de ellos y nada menos que el heredero del reino Aurum der Auster?

Formamos un tándem algo raro. A él lo adoran, a mí me temen o me rehúyen. Si alguna vez pensaba tener novio, ahora ya es imposible. Incluso a los humanos les parezco, cuanto menos, peligrosa. La mayoría de ellos saben que soy un híbrido de dragón. Se corrió la voz y no pude hacer nada. Lo que nadie sabe es que ese equilibrio que había en mí, de ser mitad humano y mitad dragón, se rompió cuando la sangre del dragón pardo se introdujo en mi cuerpo y se integró como si fuera parte de mí hasta tal punto que cuando me enfado, tengo que bajar la vista.

No sé todavía qué posibilidades tengo, ni qué me va a dar esta nueva sangre. Es algo que todavía no he averiguado.

Recojo los libros chamuscados de la sección de historia y los tiro a la basura. Son ilegibles. En el fondo me siento un poco responsable pues fui yo la que se metió dentro para entorpecer al dragón pardo. Y, aunque fue él quien empezó la llama, si no me hubiera metido en la biblioteca, no se habría incendiado casi totalmente. Menos mal que no teníamos libros de esos únicos e irrepetibles. Todos se podrán reemplazar. Pero me ha tocado, junto a los pocos estudiantes que quedamos en la ciudad, ayudar a arreglarla.

Y menos mal que Peter se ha apuntado, aunque creo que eso de ser príncipe dragón se le está subiendo a la cabeza. Le rodean las chicas y las risitas se escuchan por todas partes. Además, en unos días ha crecido un poco. Ya casi me pasa. Todavía no se ha desarrollado como dragón y papá y yo hacemos todo lo posible por ayudarle, pero al no ser dragones, hay cosas que no podemos abarcar.

Si Janer, mi exnovio, quisiera, podría ayudarnos, pero cada vez que me lo cruzo, se desvía del camino, y sí, ya sé que no me tembló la mano cuando pensé que era el dragón dorado que me atacaba y estaba decidida a acabar con su vida. Supongo que eso le molestó. Pero fue en legítima defensa.

Suspiro mientras me siento para descansar y miro a mi hermano que está tirado al sol. Juraría que a veces su piel brilla, como lo hacían las escamas de Janer. Qué magnífico es. Creo que todavía estoy algo colada por él, aunque no quiera admitirlo.

Esbozo un dragón dorado en mi cuaderno. Ahora que no está mi madre, hay otros artistas creando los carteles e ilustraciones, aunque nadie tiene el talento de la princesa Garza. La echo mucho de menos. Sé que está bien, pero los dragones han decidido guerrear y aunque al principio se tantean y miden sus fuerzas, pronto pasarán a las manos, o mejor dicho, a las garras.

En la última llamada me ha dicho que nos envía un instructor de confianza, se llama Ángel y es humano. Es raro que haya estado allí, quizá fue un niño de esos cambiados que cuentan las leyendas. Se dice que los dragones ponían huevos y, en ocasiones, como el cuco, los cambiaban por niños humanos para que fueran criados por estos. Después, en la adolescencia los buscaban y se quedaban con los dos. Con el humano que ya era como su propio hijo y con el dragón, que volvía a sus raíces. Mi madre me asegura que eso nunca sucedió, pero ya no lo sé.

Después de todo lo que he pasado este final de curso, me creo cualquier cosa.

Ahora sé que no hay muchos dragones en el instituto. Quedan una docena de pardos y dos o tres dorados. Por educación, procuro no mirarlos con la mirada esa de Killer en la que voy quitando todas sus capas de transposición y los «veo» tal y como son. Además, he de decir que, tras perder mi equilibrio interno, tengo más capacidad de intuir los dragones. Claro que ellos a mí también y entonces se largan.

Me gustaría hablar con Janer, pedirle disculpas, pero sé que eso no va a funcionar. De todas formas, es un dragón y él me ha asegurado que yo no soy su alma gemela y no podría serlo, soy mitad o un cuarenta por ciento humana y eso no sirve para emparejarse, claro.

Mi padre viene a buscarnos. Hoy hemos decidido ir a la casa de Dionisio a recuperar los libros de su habitación secreta. Muchos los vamos a donar a la biblioteca. Es casi una justicia poética donar sus libros a la biblioteca que él quemó.

Pero espero que no todos, deseo encontrar información sobre los híbridos como yo y sobre esas leyendas de dragones. De todas formas, si la guerra se recrudece, de poco  va  a servir que Peter sea ese dragón si es solo un crío. No sabe luchar y apenas convertirse. Lo matarían en dos segundos y eso sí que no lo voy a permitir.

Mi padre ha adelgazado desde que estamos sin mi madre. Creo que la pena le consume. No pensaba que echaría tanto de menos a su dragona favorita.

—¿Qué tal, chicos? —dice aparentando una alegría que yo sé que no tiene.

—Bueno… —digo cerrando mi bloc. Hace tanto calor que no tengo ganas de hablar. Estoy sudada y necesito una ducha.

—Después de pasar por la caseta nos daremos un buen baño en la piscina —sigue diciendo tan contento. Asiento y sonrío.

Qué le voy a decir. Él está orgulloso de tener una de las pocas piscinas privadas de C24 y la verdad, en verano se agradece. Mis amigos y yo hemos pasado muy buenos ratos bañándonos. ¡Cuánto los echo de menos!

La casa de Dionisio está igual que la dejó. No permitimos a nadie entrar así que la comida se ha echado a perder y huele algo mal. Peter arruga la nariz y ventilamos toda la casa. Metemos toda la comida en una bolsa de basura y mi hermano la saca al cubo donde pasará el camión.

Después, echamos un vistazo general, abrimos armarios, cajones. La verdad que, excepto los libros, no hay nada interesante. Es como si no tuviera vida. Solo libros.

—En alguna parte está la entrada del cuarto especial —digo golpeando la pared—. Una vez le vi desaparecer por esta zona.

—¿Y si buscamos por fuera? —dice Peter. Asiento y se va a ver si hay algún sitio por donde entrar. Tal vez una ventana.

Sigo palmeando la pared mientras mi padre mira entristecido una foto de ellos con Dionisio.

—No sé cómo nos engañó y cómo no nos dijiste nada.

Me encojo de hombros. Cuando me enteré de que él era un dragón pardo, me pidió que no dijera nada, que era peligroso. Yo no sabía quién era y la verdad, fue bastante chocante. Aun así, no me reprocha. Creo que ni de eso tiene fuerzas.

Sigo palmeando la pared y quito los dos cuadros que hay colgados. Son de mi madre. Pero no hay dragones, solo montañas y bosques. Paso la mano por la pared, es rugosa y me concentro, como cuando tiré la flecha en los juegos interclases y di en el blanco. Han pasado unos meses y todavía siento esa sensación en mí. Es cuando mi lado dragón se apodera del humano, o así lo creo, y los instintos animales se despiertan.

La pared es algo más lisa ahora, no tiene ese estucado horrible. Es como si hubiesen quitado esa parte. Toco un poco más y noto una esquinita de algo ligeramente levantada. Es una pequeña compuertita que puedo arrancar y dentro hay una palanca. No es muy sofisticado, pero efectivo. La giro y la pared empieza a moverse lentamente hacia la derecha. Es como una puerta corredera. Miro arriba y veo las poleas. Primitivo, pero útil.

La habitación está a oscuras. Habrá que buscar el interruptor. Tanteo la pared a mi izquierda y lo encuentro. Un chasquido que parece una tos hace que comiencen a encenderse las lámparas que están en el techo y paredes. Es una luz amarilla, discreta, que no se ve desde fuera. No ilumina mucho, y no hace falta, los dragones tienen una gran agudeza visual. Seguramente no necesitaría nada más.

Ahora que se ilumina algo más, vemos que no es muy grande, apenas tendrá unos seis metros cuadrados. Hay una mesa en el centro, abarrotada de libros y con uno abierto. En los aparadores de los laterales hay frascos con algunas cosas asquerosas, como bichos y partes de animales. No sé a qué se dedicaba Dionisio, pero es desagradable.

Lo que más hay son libros. Además de los de la mesa, hay una estantería de arriba abajo con múltiples volúmenes. Los dragones tienen su propio idioma, el dragonés, un idioma antiguo que casi nadie habla, con lo cual, será prácticamente imposible leerlos. Aun así, nos los llevaremos a casa, al sótano donde nosotros tenemos nuestro propio cuarto secreto.

Echo un vistazo al libro abierto mientras Peter entra a la carrera. No ha encontrado ventanas, pero ya se ha dado cuenta de que hemos encontrado el acceso. Ellos se entretienen viendo los bichos y al final, mi padre empieza a meter libros en un carro que hemos traído que tiene cuatro ruedas. Aunque es grande, creo que tendremos que hacer un par de viajes más.

El libro de la mesa es curioso. Habla de la historia de los dragones. Está en esperanto, por lo que lo entiendo. Habla de su historia contada por ellos y hay cosas que no me cuadran. Es el primero que voy a leer. Ahora casi soy una dragona y quiero saber más.

Lo pongo en el carro y echo un par más de encima de la mesa que me parecen interesantes. Mi padre está haciendo otro montón aparte para la biblioteca. Los más comunes. Los raros nos los quedamos. Como es el vicealcalde y Dionisio era como nuestro tío, en cierto modo, tenemos ese derecho, aunque fuera yo quien lo matara, claro.

Cerramos la puerta secreta y la casa. No queremos que nadie entre a curiosear. Hay que respetar. Él me enseñó mucho y aunque al final trató de matarme, creo que lo hubiera sentido. Como lo sentí yo.

Bajamos con gran esfuerzo todos los libros al sótano, menos el de la historia que me lo subo a mi cuarto. Pero luego me pongo el bikini y mi hermano y yo nos vamos a bañar. Mi padre se queda ordenando todo.

Estamos chapoteando en la piscina cuando escucho abrirse la puerta del jardín, salgo de la piscina y me pongo una toalla.

La verdad que es la visita que menos esperaba de todas.

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