Hoy os quiero presentar el capítulo 1 de La puerta del ángel, el número 4 de la saga SkyWorld, y espero que os guste.

Capítulo 1: La partida

—¿Estás seguro de que tienes que irte? —el joven Sky miraba a Judas con el rostro dudoso. El detective estaba haciendo una maleta para marcharse hasta España, hasta un pueblo perdido de los Pirineos, debido a que una supuesta médium le había dicho que la mujer que había desaparecido en el vórtice, Laila, por la que estaba completamente colgado, iba a aparecer.

—Me da igual lo que pienses o lo que digas, Ezequiel. Me voy.

Jonás se acercó al hombre moreno que metía las camisas hechas un ovillo en la maleta, a pesar de que su asistente, Joao, intentaba por todos los medios doblarlas.

—Tranquilízate, Judas —dijo su mentor, Jonás—. Si la chica está en los túneles del Mundo Inferior, es posible que no pueda salir. Tienes que ser razonable.

Judas lo fulminó con la mirada y sacó varias armas de un cajón en el armario.

—Y aunque pudiera llegar a los Pirineos. Va caminando. Tardará al menos un par de meses. Tus obligaciones aquí…

—Jonás, agradezco tus consejos —el moreno tomó de los hombros al anciano, algo más bajo que él pero igual de fuerte—. Y sé que Ezequiel no tiene mucha experiencia, pero tú le enseñarás, como hiciste conmigo.

El rubio Sky carraspeó. Era cierto que no tenía experiencia, pero se había comportado muy bien en la captura de los miembros de la organización La Mano Blanca, y eso no había quien lo negara.

—Pero, Judas, no sabes si ella podrá salir. El vórtice de Escondido está tapado, ya sabes cómo.

Judas salió de la habitación, se estaba ahogando con los tres hombres allí. Revolvió su mesa como buscando algo. Claro que sabía que el vórtice estaba tapado. Su madre, Amanda Sky, se había sacrificado para ello y allí estaba condenada a permanecer quieta, obstruyendo la salida de los demonios más peligrosos del Mundo Inferior, entre los que estaban los demonios llamados Dragones. Por eso pensaba que allí sería más fácil que Laila saliera. Porque estaba su madre. Aunque nunca se habían llevado bien, o mejor dicho, se habían llevado, a secas, estaba seguro de que podría ayudarle. Era su única esperanza de recuperarla.

Cuando se enteró de que se había lanzado al vórtice, hubiera ido tras ella si hubiera podido. Pero el agujero se había cerrado y fue imposible. Lo intentó durante un tiempo, e incluso buscó a brujas para que invocaran demonios. Nadie quiso arriesgarse. Por suerte, recibió el mensaje de la tal Sonia y su mundo se abrió al anhelo de volverla a ver. Ella era fuerte -se decía- y podría resistir en el Mundo Inferior.

Allí vivían los peores demonios de la tierra, pero había escuchado que había quienes querían convivir con los humanos, como en Estados Unidos, y quizá encontrase algún tipo de ayuda en ellos. Solo sabía que tenía que ir a ese pueblo y tal vez podría entrar y buscarla. En el fondo, ese era su plan. Entrar en el Mundo Inferior, costase lo que costase.

Jonás salió de su habitación más calmado.

—Está bien, Judas, yo me quedaré enseñando al chico, pero escucha, si ella no consigue salir, quiero que vuelvas aquí. Prométemelo.

—Sí, sí, de acuerdo —dijo deprisa Judas. Demasiado. Tanto él como su mentor sabían que, si ella no salía, él entraría, e iría a por todos, con las consecuencias que eso conllevaría.

Llamaron a la puerta y dos mujeres entraron sin esperar a que Joao les abriera. Una era rubia, de casi sesenta años, aunque parecía que tuviera diez más. La otra, joven, morena y atractiva, pero con el rostro preocupado y lloroso.

—Ya estoy preparada, Judas.

La mujer arrastraba una maleta y una bolsa encima y tenía el rostro decidido. Iba a encontrar a su hija y eso nadie se lo impediría.

—Marguerite —saludó Jonás—. Me alegro de verte. Señorita Dorcas.

La joven saludó mirando alrededor. Cuando el rubio Sky salió de la habitación de Judas, se sonrojó.

—Ya estoy —dijo Judas cerrando la bolsa—. Nos vamos ya.

—Por favor, Marguerite, mantenme informada —la joven abrazó a la mujer—. Y no corráis, id despacio, que no vale de nada tener un accidente y no llegar.

El moreno asintió y se volvió a los hombres, le dio un corto abrazo a Ezequiel, otro más grande a Jonás y se acercó a Joao, que tenía los ojos rojos.

—Seguro que puedes ayudar mucho a este Sky, eres imprescindible.

El joven había querido irse con Judas, pero este se lo prohibió. Lo quería allí, para ayudar al nuevo detective de París.

Joao lo abrazó y Judas le dio unas buenas palmadas en la espalda. Echaría de menos al chico, pero necesitaba encontrar al amor de su vida.

Finalmente, bajaron las escaleras y subieron al coche de Judas, un enorme sub negro que le había prestado Afrodita Sky, agradecida por haber cuidado a su hijo Ezequiel. También contaba con varios miles de euros, procedentes de su madre, que le ayudarían a pasar varios meses, si era necesario.

Marguerite echó una última mirada a la amiga de su hija, Dorcas, que era abrazada por Ezequiel. Al menos, ella encontraría consuelo, no solo por haber perdido a Laila en el vórtice, si no por haber descubierto la traición de Marie, a quien consideraba una de sus mejores amigas. Claro que ella también había sufrido un grave engaño, el de Anne. Poco suponía que pertenecía a la Organización que llevaba el Instituto. Le había confiado su amistad e incluso el cuidado de su hija. Afrodita había hablado con otros Sky y entre todos descubrieron a una parte de los integrantes, aunque Marguerite estaba segura de que muchos todavía estaban en la sombra. Ya no le importaba. Lo único que quería, junto a este hombre que ahora conducía alejándose de París, era encontrar a su hija, fuera como fuese, y costara los sacrificios que costase. Les llevaría muchas horas atravesar Francia, pero eso no tenía nada que ver con los días y semanas que tendrían que esperar. Claro que, una vez allí, tal vez la medium podría ponerlos en contacto con Laila. Rezaba por ello.

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